En El Partido Villista, más allá de sus intentos de organización política formal, vive hoy
como una actitud ante la vida. La fuerza de los jóvenes en el villismo nos enseña que
el cambio social no es una concesión del poder, sino una conquista de aquellos que
tienen la energía para imaginar un mundo diferente.
Hoy, la herencia villista nos recuerda que la juventud sigue siendo el sector más
capaz de cuestionar lo establecido y de movilizarse con una pasión que no entiende
de imposibles.